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Si el lobo hubiera perseguido a Caperucita en uno de estos bosques, el final de la famosa fábula hubiera sido muy distinto. Porque estos bosques de cuento existen y en ellos solo puede haber un final feliz.

Bosque de Otzarreta (Bizkaia)

Este precioso hayedo está en el Parque Natural de Gorbea. Es un vergel vasco sacado de un cuento de los hermanos Grimm. En verano el sol penetra a través de las copas de los árboles y baña el bosque de luz pero en invierno el hayedo está especialmente bello, pues se inunda por bancos de niebla que otorgan a cada rincón un halo encantador y misterioso.
Tanta frondosidad es un ejemplo de explotación sostenible ya que periódicamente los árboles son podados para obtener leña y hacer carbón. Esta poda controlada provoca que las ramas no crezcan horizontalmente, como es común entre las hayas, sino verticalmente, haciendo que este hayedo sea todavía más especial.
Bosque de Otzarreta-Bizkaia
Foto de javik7 (CC BY-ND 2.0)

Bosque Nagoya (Japón)

El bosque de Nagoya, en la región de Chubu, rebosa espiritualidad ya que forma parte de un importante centro de culto sintoísta y es un popular oasis en medio de dicha ciudad.
Cuenta con más de 20 hectáreas de árboles de hoja perenne como el Sakaki (una variedad de camelia), encinas, y madreselva japonesa. Incluso existe un árbol de alcanfor con más de 1.000 años de antigüedad.
El mes de mayo es el ideal para visitar Nagoya porque su bosque es invadido por cientos de libélulas. Al atardecer todas brillan y envuelven al visitante en nubes de puntos de luz que flotan en el aire, como pequeñas hadas de cuento.
Bosque Nagoya-Japón
Foto de michiko (CC BY-NC-SA 2.0)

Bosque Beskydy (República Checa)

Los bosques Beskydy crecen a lomos de los Cárpatos, y por su extensión constituyen el área protegida más grande de la República Checa. La salvaje vegetación y la peculiar arquitectura de madera de la zona crean un marco bellísimo del que pocos lugares en Europa pueden presumir. En invierno, todo el bosque se cubre de nieve, dándose óptimas condiciones para el esquí.
En verano estos bosques se pueden recorrer a través de rutas señalizadas, que atraviesan prados llenos de ovejas.
Aprovechad y degustad los quesos típicos de la zona. ¡Son puro sabor!
Bosque Beskydy-República Checa
Foto Honza Soukup (CC BY 2.0)

Bosque de Hallerbos (Bélgica)

A tan solo 30 kilómetros de Bruselas se encuentra uno de los rincones más bonitos de Bélgica: Hallerbos, también conocido como el bosque azul. Allí, entre abril y mayo, una densa alfombra de campanillas y jacintos salvajes cubre el suelo, creando un infinito tapiz de azules y violetas.
Las flores se extienden por toda la superficie llegando hasta las orillas de los arroyos que cruzan el bosque, como si alguien hubiera pintado este hayedo con un gran pincel.
El bosque cuenta hoy con una fauna muy variada en la que destacan varias especies de pájaros, ardillas, anfibios y parejas de buitres.
Así que si estáis pensando en visitar Bélgica esta primavera, este es un tesoro azul que no os podéis perder.
Bosque de Hallerbos-Bélgica
Foto de jinterwas (CC BY 2.0)

Slieve Bloom (Irlanda)

Slieve Bloom se encuentra en el corazón de Irlanda, entre los condados de Offaly y Laois. Cascadas de musgo y bosques de helechos convierten a este recóndito paraje en una esmeralda fuera de los circuitos turísticos habituales.
Este parque natural es una zona muy poco transitada a pesar de contar con zonas para la acampada y rutas de hasta 35 kilómetros para senderistas donde poder observar pájaros, topos, nutrias y ciervos.
Si los duendes existen, seguro que viven en este bosque.
Slieve Bloom
Foto de Eoin McNamee (CC BY-ND 2.0)

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Acerca del autor

Comunicadora, creativa, redactora de historias y con 20 países recorridos a mis espaldas….¡y los que me quedan! No importa el destino, porque para viajar solo necesitas ganas de comerte el mundo. Y yo tengo mucha hambre. ¿Te vienes conmigo?

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