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Todos los hombres que nunca seré es la última obra del polifacético autor Santiago Velázquez. Ganador del Premio Joven y Brillante de Novela Corta en el año 2000 con La condena de Salomon Koninck y del XIV Premio Tiflos de Novela en 2012 con La extraña ilusión, el escritor es también autor de un blog sobre literatura en el Huffington Post y colaborador de suplemento de El País dedicado a los Willy Fog, El Viajero. ¿Quién mejor que él para inspirarnos en una próxima escapada?

Foto Santiago Velázquez 02

Mis viajes

¿Tu primer viaje?

Recuerdo el primero que hice con mi novia, a Gijón (Asturias). Una semana de vacaciones formidable: pensión de mala muerte con vistas al puerto. Teníamos veintipocos, y fue inolvidable.

¿El último?

Edimburgo (Escocia), en busca de las casas y las calles de Arthur Conan Doyle y Robert Louis Stevenson.

¿El mejor?

Mi luna de miel: Florencia y Venecia.

¿El peor?

No recuerdo ninguno malo, la verdad.

¿Un destino pendiente?

Alemania.

¿Uno que no visitarías jamás?

A priori no tengo sitios que no visitaría jamás. Todos tienen algo de interesante. Viví un año en Caracas (Venezuela) y me pareció maravilloso.

¿Y el lugar que repetirías?

Nueva York, sin dudarlo.

¿Qué es lo que más te ha impactado estando de viaje?

Poner más en valor el sitio del que procedes.

¿Y lo más raro que te has comido o bebido?

No lo sé. Quizá lo que más me llamó la atención fueron las hallacas venezolanas, una masa con sabor a gallina y rellena de carne guisada, aceitunas, pimentón y cebollas, que se presenta envuelta en hojas de palma o de plátanos. Era como comer un cocido madrileño hecho masa.

Te dejaste una pasta por ir a…  ¿Volverías a hacerlo? 

Procuro viajar siempre lo más económico posible.

 

El viaje ideal
 ¿Organizas o improvisas?

Organizo algo, pero luego intento dejarme llevar por el sitio y descubrirlo naturalmente.

¿Larga distancia o escapada?

Cualquiera está bien.

¿Medio de transporte preferido?

El tren.

¿El lujo de un hotelazo o la libertad de un apartamento?

Hotel.

¿El acompañante ideal?

Mi mujer, o en todo caso, solo.

¿Turismo para no hacer nada o turismo cultural?

Una mezcla de ambos. Siempre hay cosas que ver y siempre apetece no hacer nada.

¿Playa o piscina? ¿Ciudad o campo?

La playa la aguanto poco. Prefiero visitar ciudades.

¿Libro o Kindle? 

Libro en papel, siempre. No tengo Kindle. ¿Cómo vas a tener el autógrafo de tu escritor favorito en el Kindle?

¿Lectura viajera recomendada?

Poesía.

¿Desconexión móvil o fotos constantes en Instagram?

Desconexión total. Además, no tengo cuenta en Instagram.

 

Bonus track
¿Alguna fobia viajera?

El avión no me gusta mucho, la verdad.

¿Esa anécdota de la que no te puedes olvidar?

La estancia en un camping de Gandía un verano con mis amigos. Fue desternillante.

¿Un consejo que nunca falla?

No soy muy propenso a dar consejos. Es un tema muy particular lo de viajar.

Si tuvieras que recomendar como destino tu ciudad de procedencia, ¿qué resaltarías?

Madrid es inmensa y tiene rincones formidables. Uno de mis favoritos es El Retiro. Recomendaría pasear por la Gran Vía sin prisas y visitar las grandes librerías que tenemos: la Machado, la Alberti, Hiperión, La Central, etc.

 

Para rematar, dos preguntas de letras

¿Dónde has encontrado las mejores librerías?

He visitado librerías espectaculares en Barcelona, París, Londres, Ámsterdam, Copenhague, Buenos Aires, San Francisco o Nueva York pero, definitivamente, mi favorita es una librería de viejo de Caracas, que se llama La Gran Pulpería del Libro Venezolano. Es un lugar mágico, abrumador, inacabable. Situada en una callejuela trasera de la zona de Sabana Grande, la entrada de la librería no tiene nada de particular, pero a medida que bajas las escaleruchas que llevan al fondo todo va cobrando otra dimensión: los pasillos se multiplican, las estanterías rebosan, los libros se acumulan, el polvo se remansa. Hay incluso una zona que parece el Rastro de Madrid o el San Telmo de Buenos Aires, con un montón de cachivaches de lo más rocambolesco, desde botellas de sifón a muñecas de los años veinte o teléfonos de mesa de los que ya sólo se ven en las películas antiguas, pasando por monedas, afiches, figuras de cerámica, porcelanas, cajas de música, etc. Allí conseguí la primera traducción que se hizo al español de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, a cargo de Pedro Salinas y José María Quiroga Pla y completada por el traductor Marcelo Mesnaché, tan sólo veintidós años después de que se publicara en Francia. Y a un precio formidable.

¿Qué libro de viajes recomendarías?

Hay muchos, pero recomendaría un librito delicioso de Juan Bonilla que se titula Academia Zaratustra.

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Acerca del autor

Amante de las series de policías y la crónica negra en general. Gallega convencida. Me encantan las nécoras y las aceitunas. Y viajar. Si veis demasiadas tildes, es que a veces la RAE y yo discrepamos.

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