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Imagina una tierra donde hay un puente construido por el mismísimo diablo, donde existen perros vampiros que acechan en la oscuridad, donde una huida dejó huella en la roca para siempre y donde cuentan que hubo una terrible y memorable batalla entre un caballero de reluciente armadura y un inmenso dragón. Qué lugar tan mágico y recóndito debe de ser ese, ¿verdad?

Suerte para nosotros que este territorio plagado de leyendas se encuentre mucho más cerca de lo que nuestra mente hubiera podido imaginar. En la provincia de Tarragona, la Costa Daurada es escenario de todas estas fantásticas historias. Hay muchas maneras de acercarse a los atractivos de esta parte del sur de Cataluña, pero pocas tan inesperadas como esta, donde los seres de leyenda son los protagonistas absolutos.

Dragones por Montblanc

Depende de a quién preguntes, Sant Jordi y la princesa se casaron finalmente, o no. Pero en esta zona, lo que tienen muy claro es que fue aquí, en Montblanc, donde el patrón de Cataluña acabó con la vida del temible dragón que asediaba la ciudad.

La historia es por todos conocida, lo que no sabe todo el mundo es que hay quien ubica el legendario enfrentamiento en la comarca de la Conca de Barberà. Fue el folclorista Joan Amades quien se encargó de situarlo en este pueblo. Y no es de extrañar, pues el magnetismo medieval que destila Montblanc, gracias a su casco antiguo, sus murallas y baluartes, nos invita a zambullirnos en cualquier historia caballeresca.

Cada mes de abril, coincidiendo con el día de Sant Jordi, se celebra la Setmana Medieval, que cuenta con diferentes eventos y actividades como la Entrega de la Rosa, el Mercado Medieval, el Dracum Nocte o, el acto más emblemático de todos, la representación de la Leyenda de Sant Jordi. Este último es un espectáculo de luz y música que se celebra con las murallas del siglo XIV como telón de fondo, en la que se proyecta un espectacular mapping.

costa daurada montblancFoto cedida por José Carlos León

La Reina Mora de Siurana

Siurana es un minúsculo -con 34 habitantes- y fotogénico pueblecito situado en la comarca del Priorat, a 533 metros de altitud, entre las montañas de Prades y la Sierra del Montsant. Y atesora una de las leyendas más conocidas de la Costa Daurada. La leyenda de la Reina Mora y su caballo blanco sigue resonando en esta zona, que fue el último reducto de dominación sarracena en Cataluña –los restos de su castillo árabe, residencia del walí o gobernador de Siurana, dejan constancia de ese legado.

El Salto de la Reina Mora es un tremendo acantilado conocido con este nombre por la leyenda de Abdelazia, hija del walí de Siurana, quien, al llegar las tropas cristianas, prefirió acabar con su vida antes de verse sometida por el ejército cristiano que sitiaba la fortaleza en 1153. Abdelazia decidió, pues, saltar al abismo con su caballo justo desde ese lugar. En una roca aún puede observarse la profunda marca de lo que parece la herradura del animal, a causa de la impresionante caída al vacío.

siurana costa daurada

El puente que construyó el diablo

La actual localidad de Tarragona fue, en época romana, la ciudad imperial de Tarraco. Uno de los muchos monumentos que forman parte de este legado romano proclamado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es el acueducto de les Ferreres, que data del siglo I a.C -época del emperador Augusto-. Conocido también como el Pont del Diable, sus arcadas son uno de los iconos de la ciudad.

Con una altura máxima de 27 metros y unos 217 metro de largo, el acueducto, que sirvió para llevar agua desde el río Francolí hasta la ciudad, lleva dos mil años en pie y es protagonista de diversas leyendas asociadas a su construcción.

La más conocida de las narraciones asegura que cuando ya estaban construidas las dos hileras de arcadas, una terrible tormenta derribó el puente. El maestro de obras al ver semejante destrozo, predijo que solo el demonio podría hacer un puente que perviviera por mil años. Hecha esta afirmación, Satanás se le apareció de repente y le garantizó que haría un puente esa misma noche a cambio del alma del primero que bebiera el agua que transportaba el acueducto. Cuando este fue construido, el diablo esperaba la llegada del primer habitante que bebiera el agua que llevaba su joya arquitectónica. Y el primero en aparecer fue un asno, cuya alma se convirtió en el peaje para disfrutar hoy de esta obra milenaria.

puente del diablo costa dauradaFoto cedida por José Carlos León

Pratdip, tierra de perros vampiros

Con la silueta del castillo medieval encumbrando un risco sobre las montañas, el pueblo de Pratdip, cuenta con ser el origen de una de las leyendas más fascinantes de Cataluña. Se trata de la historia de los dips: los perros vampiros.

Negros y endemoniados, estos temidos perros salvajes eligieron las montañas de la sierra para habitarlas. De vez en cuando, durante la noche, atacaban y chupaban la sangre a rebaños, bestias y a los hombres que callejeaban noctámbulos por el pueblo, ya que su oscuro pelaje era imposible de ver en la oscuridad y solo se podían observar sus desafiantes y brillantes ojos que brillaban en la negritud de la noche.

La relación entre los dips y esta localidad es inseparable, tanto es así que las fuentes etimológicas señalan que la toponimia del lugar viene unido al de estos seres desde sus orígenes, pues Pratdip es “el prado de los dips”. Por eso, no es de extrañar que estos feroces canes estén representados en varios lugares del pueblo. Los primeros aparecieron en el retablo de Santa Marina, de 1602; más tarde, en 1730, en otro retablo barroco. El perro vampiro llegó a tener tanta importancia en la vida de los habitantes de Pratdip que su imagen acabó por incorporarse al escudo municipal. Y, aunque cuentan que estos temibles animales desaparecieron en algún momento del siglo XVIII, lo podemos encontrar en un monumento a la entrada del pueblo. Además, existe una manera divertida de aproximarse a la leyenda, pues en los rincones más insospechados de Pratdip, se pueden localizar las oscuras y agazapadas figuras de estos canes y existe un mapa que nos ayudará a encontrarlos antes de que ellos nos encuentren a nosotros.

pratdip costa dauradaFoto cedida por José Carlos León

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