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Las playas de Cabo de Gata son como ese tipo de secreto con el que alguien se ha ido de la lengua. Una especie de tesoro oculto del que antes solo disfrutaban unos pocos y ahora disfrutan bastantes más. Aun así, pese a quecada día son más los que descubren y se enamoran de Cabo de Gata y sus costas, sigue siendo una zona paradisíaca. Nada que ver con las aglomeraciones del Mediterráneo en los meses de temporada alta.

Quien veranea en el Cabo de Gata sabe a lo que  va y, sobre todo, a lo que no va. No busca rascacielos, ni música a todo volumen. No encontrará cientos de restaurantes a escasos metros del agua, ni tampoco un mar de sombrillas. Esta zona de Almería representa uno de los espacios más relajantes y recónditos de España.

Las playas de Cabo de Gata son vírgenes, con lo bueno y lo no tan bueno que eso implica: el agua es perfecta, pero los accesos no siempre son fáciles. Es una de las experiencias de playa más puras que existen en la península ibérica y el boca a boca ha servido para que en la última década se haya convertido en una de las alternativas más codiciadas para el turista nacional, pero también para el extranjero.

Playas para toda la familia

Para el visitante que busca ni más ni menos que una playa cinco estrellas, pero que a la vez sea accesible, Agua Amarga es una de las mejores opciones entre las playas de Cabo de Gata.

Lo que todo el mundo le pide a una playa de paraíso –aguas cristalinas y arenas finas- Agua Amarga lo tiene de sobra. Además, dispone de servicio de socorrista, chiringuitos, servicios… Es una playa ideal para ir con la familia. Mide más de medio kilómetro y tiene una anchura considerable desde la línea de viviendas hasta el agua.

A mano derecha, la acción del viento y el mar ha ido formando unas cuevas en el acantilado que siempre generan gran atracción en el visitante y que, al parecer, pudieron estar habitadas mucho tiempo atrás.

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La playa de la Ensenada de Mónsul es la más mediática de Cabo de Gata. Está en Níjar y ha servido de escenario para la grabación de películas (Indiana Jones), videoclips (David Bisbal) y varios anuncios comerciales.

Pese a ser la más famosa –o una de las más famosas- no es la típica playa turística al uso. Ni vistas de apartamentos, ni chiringuitos, ni paseo marítimo. Para llegar hasta la ensenada de Mónsul es necesario motorizarse, aunque hay autobuses de línea que llevan al bañista para que pueda olvidarse del coche.

A un kilómetro del pueblo pesquero de San José se encuentra la playa de Los Genoveses.  Es el aire el que decide qué perfil de visitante quiere ese día en la playa. Cuando sopla con fuerza se llena de amantes del kitesurf, pero cuando el viento afloja es un paraíso para las familias. El agua apenas cubre y es necesario avanzar bastantes metros para mojarse la cintura.

Al tratarse de una playa totalmente virgen, el turista debe ser previsor con lo que se lleva en su bolsa de playa, porque no existe la opción de comer en un restaurante ni comprar un protector solar en una tienda cercana. Solo agua, arena, dunas y algún árbol muy codiciado por su sombra. La compañía y las ganas de disfrutar de la naturaleza corren a cargo del veraneante.

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Hippies y nudistas en el Cabo de Gata

La playa de Las Negras ha ganado en fama y relevancia desde que la cala más próxima, la de San Pedro, se convirtió en el gran referente de las calas hippie del sur de España. Aquí el término hippie incluye también nudista. En resumen, paz y amor por todas partes. Lo cierto es que la postal es digna de ser visitada: el agua es espectacular –cálida y azul-, el ambiente es de lo más calmado y el paisaje te embriaga.

Hay dos ‘peros’ que el visitante debe afrontar. El primero es que no resulta fácil llegar. La travesía es de unos 90 minutos sin sombras y por un terreno algo escarpado. La otra opción son las lanchas que se fletan desde la orilla de Las Negras y que te llevan a la cala en cuestión de minutos.  Una vez en la cala llega la segunda ‘condición’: la ropa… fuera.

Posiblemente el pudor a hacer nudismo hace que muchos visitantes interrumpan sus planes a mitad de camino y se queden disfrutando de la playa de Las Negras y sus oscuras piedras, que parecen más propias del norte de Tenerife que del sur de España. De hecho, el origen de esta playa y los cerros que la rodean también son volcánicos.

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En Carboneras se ubica otra de las playas más célebres de Cabo de Gata: la playa de Los Muertos. La superficie también es de gravilla –piedras más pequeñas que en Las Negras-, aunque en este caso son de color claro. Aquí también se respeta el destape, aunque del mismo modo que se respeta al que se viste hasta arriba. Libertad de decisión para que todos convivan en un ambiente tan especial.

Los Muertos es una playa especialmente indicada para desconectar, pero tanto los lugareños como quienes son asiduos advierten de que el camino no es el de la típica playa turística, por lo que se recomienda ir ligero de equipaje. No obstante, insisten en que merece mucho la pena cualquier esfuerzo para poder bañarse en un entorno tan especial.

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Una playa como un castillo

La playa de El Playazo es totalmente diferente a las demás por el perímetro visual que la rodea. Está ‘protegida’ y vigilada por el Castillo de San Ramón, construido en el siglo XVIII y que a pesar del deterioro forma parte de una estampa inconfundible de Rodalquilar y del catálogo de playas de Cabo de Gata.

El castillo fue objeto de noticia hace unos años, cuando una inmobiliaria lo sacó a la venta por más de 3 millones de euros.

castillo cabo de gata

Se trata de una zona rica en el sentido más literal: durante los pasados siglos Rodalquilar vivía de explotar sus minas de oro, aunque el negocio quebró cuando el proceso de extracción resultó ser casi más caro que el propio mineral. Ahora el dorado lo pone la arena de El Playazo.

Aunque en los meses de julio y agosto está bastante poblada, siempre hay espacio para la sombrilla puesto que se trata de una playa con unos 400 metros de longitud. Por si acaso, conviene no confiarse y acudir prontito. Fuera de esos dos meses no existen problemas.

Al El Playazo hay que ir provisto de gafas de buceo, porque las especies que se pueden ver sin necesidad de adentrarse demasiados metros en el mar sorprenden, incluso, a los más acostumbrados al snorkel.

Son frecuentes los paseos en Kayak con un recorrido que conecta El Playazo con Las Negras, aunque se trata de una hora de ejercicio que exige un poco de preparación.

playazo cabo de gata

Para no perderse de Cabo de Gata

A la piel hay que darle un respiro de tanto sol y salitre. Si hay ganas de salir un rato de la playa y conocer más en profundidad el Cabo de Gata hay varias visitas que son obligatorias. La primera empieza en el faro de Cabo de Gata. Es el punto más al sureste de la península ibérica y debajo del muro se esconde una de las panorámicas más bellas de Almería: el Mirador de las Sirenas o Arrecife de las Sirenas. Como leyenda queda bien, pero la realidad es que nunca se vieron sirenas allí abajo, sino focas monje cuyas colas confundían a quienes tenían muchas ganas de confundirse.

sirenas cabo de gata

Si la visita sabe a poco también existe el Faro de Mesa Roldán, justo encima de la playa de Los Muertos y que posee el foco situado a más altura de España. En la misma meseta sobre la que se asienta el faro se levantó en su día una torre defensiva. Actualmente está en ruinas, pero ha servido para grabar algunas secuencias de Juego de Tronos.

Las minas de oro de Rodalquilar ya no funcionan, pero están ahí y pueden ser visitadas. Todavía impone ver esas enormes estructuras que malamente funcionaron y que, salvo salvajada medioambiental, nunca volverán a hacerlo, pero el escenario es realmente llamativo.

Un buen ejemplo de lo especial que es el ecosistema de Cabo de Gata es que en las cercanías de sus playas y calas se vienen avistado numerosos ejemplares de cabra montés, que estaba casi desaparecida en la provincia. Ahora se deja ver en Los Genoveses, Cala de San Pedro o Punta Negra.

El mero hecho de pasear por los pueblos de Cabo de Gata ya tiene encanto. Los Escullos, Agua Amarga, San José, Albaricoques… Todos ellos con sus casitas bajas y blancas, calles empedradas y lugareños sonrientes. Un espíritu que viene de serie en todos los que gozan durante todo el año de las playas de Cabo de Gata.

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