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Según algunas crónicas legendarias, en el siglo VIII de nuestra era el demonio habría asumido la forma de un dragón marino para maltratar, acompañado de una legión de seres malignos, a los habitantes de las costas de Normandía y Bretaña, y en especial a los últimos seguidores de los cultos druídicos que practicaban sus creencias en un monte aislado en el mar. Un monte conocido como monte Belenos —el dios celta del sol— o monte Tombe —monte Tumba— solamente accesible durante la bajamar, pues las aguas se retiran dejando un pequeño hilo de arena que une la costa con el promontorio.

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Ubicación del monte Saint Michel (Google maps). Clic para ampliar.

El arcángel San Miguel, caudillo de las huestes celestiales, advirtió que los terribles sucesos acontecidos en la bahía del monte Belenos eran despiadados e injustos y Dios le ordenó descender a la Tierra con sus ejércitos para derrotar y castigar a las fuerzas del mal en una de las mayores batallas de todos los tiempos entre el bien y el mal. Ambos ejércitos combatieron durante días con denuedo, cambiando continuamente el signo de los vencedores, hasta que por fin el propio San Miguel cercenó con su espada la cabeza del dragón y la alzó en señal de victoria.

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Saint-Michel, el monte de las mil leyendas. Foto de Solangette, Wikimedia Commons.

Muchos hombres presenciaron el épico enfrentamiento con el corazón en un puño, entre ellos un tal Aubert de Avranches, por entonces obispo de la localidad de Avranches —a unos 20 km del monte—. Las crónicas cuentan que después de la batalla, en el año 708 el arcángel San Miguel se le apareció a Aubert en sueños hasta tres veces en las que le ordenaba construir un oratorio en el monte Tombe para conmemorar la victoria de las fuerzas del bien y alejar para siempre la influencia del mal. Aubert ignoró las dos primeras visiones, por lo que, en la tercera aparición, San Miguel le dejó una marca con forma de cruz en la cabeza.

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Foto de Semnoz, Wikimedia Commons.

La abadía del monte Saint-Michel

Aubert de Avranches comenzó a construir el oratorio en el monte Tombe y ordenó a varios frailes de su congregación que buscasen reliquias en Italia para santificar un poco más el lugar. En el año 709, el monte ya había sido santificado con el oratorio y las reliquias, y se decidió rebautizarlo en honor a San Miguel como mont Saint-Michel, es decir, monte San Miguel. Con el paso del tiempo, se erigirá sobre el oratorio una abadía benedictina (año 966) y se construirán albergues para cobijar a los peregrinos que allí llegaban. A lo largo de los siglos, la abadía tuvo momentos de esplendor y de abandono, pero se podría decir que en la actualidad goza de su mayor apogeo, sobre todo tras su inscripción en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en el año 1979, con la denominación «Monte Saint-Michel y su Bahía». Visitarlo cuesta unos 9 euros.

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Aldea de Saint-Michel, junto a la abadía. Foto de Stevage, Wikimedia Commons.

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El pasado ante ti… Foto de Vi..Cult…, Wikimedia Commons.

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Foto de Витольд Муратов, Wikimedia Commons.

La Unesco explica que construir un edificio religioso de semejantes características constituye «una verdadera hazaña técnica y artística», algo que nosotros no rebatiremos, pues con solo ver las fotografías que aquí se muestran nos damos cuenta de su monumentalidad, y su aureola de misterio. El complemento perfecto a este enclave es precisamente el paisaje que lo rodea, pues la arenosa bahía de su alrededor adopta una forma extraña y cambiante por culpa de las fuertes mareas de la región que mueven y remueven las arenas y, a veces, hasta cambian de lugar las desembocaduras de los tres ríos que mueren en la zona: Couesnon, Sélune y Sée.

 

Sin duda, el monte Saint-Michel es uno de los lugares de Francia más arrebatadores y sorprendentes y uno de los mejores enclaves para disfrutar de las famosas puestas de sol de Normandía, con sus cielos entre anaranjados y rojizos. La mejor opción es visitarlo a últimas horas de la tarde, ya que nos permitirá disfrutar del crepúsculo sin demasiada gente a nuestro alrededor. Una muestra de la admiración que siempre ha despertado Saint-Michel entre los seres humanos puede ser la descripción que realizó el escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893) en su cuento ‘La leyenda del monte Saint-Michel‘: «Había visto por primera vez desde Cancale este castillo de fantasía. Sentí la impresión borrosa de una sombra negra recortada sobre un cielo de brumas. Lo vi de nuevo desde Avranches al atardecer. La enorme extensión de arena era de color rojo, el horizonte era de color rojo, la bahía sin límites era de color rojo. El castillo rocoso se alzaba a lo lejos, como una extraña casa señorial, como un palacio de ensueño, que permanecía oscuro en medio de la luz carmesí del crepúsculo».

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Comentarios

  • eva matas noguera octubre 21, 2017 at 4:25 pm

    que chulo el video.