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Si te reconoces en alguno o varios de los siguientes aspectos, plantéate en serio que lo tuyo es ser un turista más, lo cual no está mal, pero no vayas por ahí fardando de ser el Willy Fog del siglo XXI. Y sobre todo, tómatelo con humor, con mucho humor, que la idea es arrancarte una sonrisa.

Soy de los que me dejo llevar (de boquilla)

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Te encanta decir eso de “a mí lo que me gusta es dejarme llevar y sorprenderme”  o “nos vamos ahora mismo”, pero a la hora de la verdad, luego viajas solo en Semana Santa, verano y, si hay suerte, haces una escapadita en el puente de diciembre. Pensar en escaparte en pleno febrero o noviembre te produce urticaria (no sabrías adónde ir).

No sales de casa si no es con el itinerario de viaje cerrado minuto a minuto: qué ver, dónde comer, dónde dormir, qué tour hacer en cada lugar…. Así que, reconócelo, el espíritu libre del viajero no habita en ti.

Tu casa en la maleta

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Impensable salir de casa sin una lista interminable de artículos: por si llueve, por si hace calor, por si refresca, por si…. Vestimenta para cada ocasión, una farmacia en el neceser y todos los cachivaches que se te ocurran los metes en la maleta para sentirte como en casa. ¡Confiesa, te llevas hasta una foto familiar para ponerla en la mesilla del hotel! Seguro que casi siempre pagas sobrepeso de equipaje al embarcar. Y de viajar solo con una mochila colgada a la espalda, ni hablamos.

 

Yo estuve allí

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Desde que te levantas hasta que te acuestas, lo vas grabando todo con el móvil e incluso narrando tu viaje en las redes sociales. Te sacas selfies con todos los monumentos aunque no sepas qué es lo que conmemoran e inmortalizas todo lo que te llame la atención. Lo importante es decir “ahí he estado yo”. Eso sí, como te pregunten algo de lo que has visto, la verdad es que no te has enterado de mucho porque estabas más preocupado de grabarlo todo (y de salir tú en la foto) que de empaparte de lo que te rodeaba.

 

Pánico si se rompe el móvil (o a perder el control)

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Todo va bien, pero si te falla el móvil entras en modo pánico: ¡ya no sabes qué hacer! Toda la información la tienes ahí y ahora te va a tocar no solo salirte del guión definido desde tu casa, sino relacionarte sí o sí con esa gente que te rodea (y que puede que hasta no hable tu idioma). ¡S.O.S! Improvisar no es algo que lo tuvieras previsto, ¿verdad?

 

No sin mi ducha

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¡Por favor!, si uno sale de casa es para estar al menos como en casa. Buena cama, mejor desayuno y un baño a ser posible con spa (que aunque en casa no lo tengas, por pedir que no quede). Inimaginable pasar la noche en cualquier sitio que no tenga ducha y de compartir el baño, ni hablamos. La comodidad en el destino ni se cuestiona.

 

Como la comida de casa, ninguna

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Ya puedes estar en el mismísimo Japón o en la Italia más profunda, tú seguirás suspirando por volver a casa y comer un buen plato de cocido o una tortilla de patatas, porque “como la comida española [póngase la nacionalidad que cada uno quiera], ninguna”.  Tu aversión a lo desconocido te lleva a preguntar la lista de ingredientes de cualquier plato… aunque para ello tengas que utilizar el lenguaje de signos para hacerte entender. Y no probarás nada más que lo estrictamente necesario para no morir de hambre.

 

En vacaciones no se madruga

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¿Madrugar para ver ese ritual que acontece solo una vez a la semana a las seis y media de la mañana? Pues va a ser que no, y menos si hay que hacer antes una ruta de 20 kilómetros para llegar al lugar en cuestión. Mejor lo veo en Youtube y listo, que no estás de vacaciones para darte el madrugón.

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Acerca del autor

No tengo alas pero me ecantaría. Contadora de historias, me gusta viajar no solo con la maleta sino con las palabras. Hago lo posible para tener los pies en el suelo y la mirada en el cielo. Soñar es gratis, divertido y gratificante.

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